Quién Soy Yo?

nanisSoy Diana Lucía Benítez Ávila, nací en la sucursal del cielo un 24 de Julio de 1985, la mayor de tres hermanos, fui modelo, enseñé ingles, y ahora me desempeño como Laica misionera, Comunicadora Social, Periodista y Locutora, en las Comunicaciones de la Comunidad Consolata, La Pastoral Afro de la Arquidiócesis de Cali y en el comité en esta área de los LMC.

Conocí de Dios por una experiencia personal que me llevo a tocar  fondo, había perdido mi trabajo, mi novio y el compromiso que teníamos para casarnos, me quede sin nada y lo peor, estaba vacía espiritualmente, pues como muchos era una católica light, no le daba    importancia, no iba a misa, no creía en la virgen, en fin, vivir ya no tenia sentido, era una de tantas… me iba a suicidar.

Ese día con lagrimas en mis ojos le dije a Dios llorando: ‘’si tu existes… muéstrame para que me diste la vida… ya no quiero vivir’’!!!

Y… Dios me escucho. En ese momento entró el padre venanzio haciendo bendición de hogares, cosa que nunca había pasado en la historia de mi barrio; aun recuerdo cuando abrió la biblia y las palabras que sentí eran para mi,1 Cor 13-la supremacía del amor-. Ese día no pude dormir y sentía en mi interior como si me hubieran revuelto todo, no me hallaba y al otro día fui a buscar a ese padre para hablar con él; y me dijo: ‘’en vez de estar pensando en quitarte la vida porque mejor no se la entregas a Dios’’.

Y así fue como empecé con el grupo de pastoral, laicos, entregando todo para él y por él, cosa que cambio mi vida totalmente, y a la semana ya estaba dando testimonio en la    misiones,  de ahí para acá solo han llegado bendiciones a mi existencia y con la mano en el corazón les comparto que ahora me siento realmente feliz !!!

Porque tuve que andar en tinieblas para ver la luz, pero en esa experiencia comprendí el gran amor que nos tiene el padre, él es el único dueño de la vida con un propósito para cada uno de nosotros !!!

Muchas bendiciones a todos, se les quiere 🙂


DSC_0589Mi nombre es Juan Carlos Osorio Escobar tengo 38 años, nací en Neiva Huila, desde los 14 años estoy viviendo en Bogotá, mi familia está integrada por Mama, Papa y 4 hermanos, soy el segundo de la prole.

La verdad no sé qué contarles, solo les puedo decir que soy Economista de la Universidad Católica de Colombia, me gradué en el año 1997 y mi experiencia laboral ha sido siempre en Crédito y Cartera en el sector real, en este momento me desempeño como supervisor de cartera en Papeles Nacionales S.A. y además tengo una microempresa de empaques decorativos, idea que surgió después de un periodo de desempleo y que trato de mantener con la colaboración de mi hermana y un empleado.

De mi familia les puedo contar que siempre fuimos de misa los Domingos y con la sencillez del Espíritu Santo, siempre hemos defendido nuestra Fe en Jesús y el amor a la santísima Virgen, hacia los veinte años conocí el Opus Dei, poco a poco, al estilo de ellos, con su apostolado de la amistad me enseñaron a corregir errores y a superar juicios personales patologías de la Fe que no nos dejan ser felices, ser santos en medio del mundo es posible para todo y un reto más cuando nos enfrentamos a una sociedad amoral.

También entendí mi  compromiso de Bautizado, y que se crece en el amor al Prójimo en la medida en que comunicamos nuestra experiencia o encuentro personal con Dios, participe en muchas actividades que me ayudan espiritualmente, estuve varios años con ellos, sin embargo sentía que no era el carisma que buscaba, además por razones de trabajo termine alejando.

Hace dos años que estoy con la Consolata y me he sentido muy bien, nunca había tenido una experiencia de misión y aunque han sido cortas me parecen grandiosas, estar con gente que no conozco en épocas importantes del año, dejando mi familia, conociendo otras realidades  extremas, de necesidad y abandono me ha hecho entender el verdadero sentido de la vida y que todos tenemos algo que ofrecer y no podemos negarnos la oportunidad de compartirlo, es el amor de Dios el que nos mueve.

Muchas gracias por este espacio para expresarme y para que me conozcan un poco más.

Juan Carlos Osorio LMC


DSC_0305Hola …Hola… holaaa! Me presento, me llamo Luciela Taborda Pemberthy nací el 13 de enero de 1957 en Medellín. Cuando nací fue muy curioso no llore. Fue muy tenaz para mis padres, pero una hora después de haber nacido, lloré demasiado. Para mis padres fue una alegría muy grande gracias a Dios.

Cuando era niña fui muy alegre, toda mi familia gozaba con todo lo que hablaba, bailaba y actuaba. Desde entonces toda mi vida he continuado en el mismo proceso. Soy la mayor de tres hermanos, de un hogar católico, de valores, bueno y sencillo. Yo Luciela, soy una persona extrovertida, humilde, sencilla, muy alegre. No me gusta la soledad, me encanta estar con la gente, reír, conversar, ponerle alegría a algo que está funcionando mal.

Todo esto que me gusta me ha traído muchas tristezas porque algunas personas no les gusta mi manera de ser, soy una persona muy fuerte, llena de fortaleza y llena de Espíritu Santo para afrontar las duras pruebas de la vida. El Señor me ama mucho, todos los días me prueba de diferentes maneras, me quebranta el corazón pero El sabe que todo lo hace para cambios y purificación mía.

El me levanta, tengo mucha paciencia y esperanza en que Dios es el único que me puede ayudar para afrontar las difíciles situaciones. Soy una persona muy perfeccionista, he estudiado y analizado mucho este defecto y sentí en mi una necesidad profunda de cambiar porque de verdad, este defecto me traería lágrimas, conflictos y angustias en mi vida.

Gracias a Dios lo descubrí a tiempo y por medio de la oración. No he perdido el tiempo en medio de la formación de los Laicos Misioneros de la Consolata, pues he aprendido a corregir muchas cosas, el estudio, la formación y método de enseñanzas que los sacerdotes del IMC me han regalado, al igual que mis compañeros, con calma y respeto, me alegra y me llena el alma.

Así pues que en el seminario paso momentos positivos, difíciles, pero confiada y llena de bendiciones y cariño alrededor de todos mis compañeros, pues somos como una familia. Mi objetivo es formarme, cumplir con mí deber para luego ser útil a los demás, tener fuerza de voluntad y decisión. Miro al futuro con grandes.

Ideales y a la vez con los pies plantados en el suelo, para dar de mi alegría, generosidad, la libertad de expresión, el amor a los demás y la sinceridad, la vida no se puede malgastar.

Me despido saludándolos y deseándoles lo mejor. Gracias a Dios por haberme encontrado esta comunidad y por haberme dado la posibilidad de que me  conocieran. Que la Virgen de la Consolata y Dios los bendiga demasiado.

Oren mucho. Los quiero mucho. Chao… Chao… chao….


DSC_0302Un trozo de una canción dice: “Perdóname Señor pero a veces me canso de ser un ciudadano, me cansa la ciudad y la economía sé que tienes para mi algo mejor que esto…”, en este momento no recuerdo los nombres del cantante ni del autor de ésta canción, pero cuando la escucho viene a mi un sin número de recuerdos de mi vida antes de decidir ser laica misionera, una vida llena de muchos proyectos personales con los que en última instancia buscaba satisfacciones propias.

Pero a medida que el tiempo transcurría y de alguna manera materializaba mis proyectos, sentía que por ahí no era el camino, algo internamente me mostraba que no me sentía bien conmigo misma, plena, libre, contenta…me sentía como dice la canción cansada de hacer lo que todo el mundo hace, de ser una ciudadana que cumple su deber, sus compromisos económicos pero sin sentido…. Sé que allí estaba Dios presente inquietando mi ser, pensar, quehacer y trascender.

Yo nací en Valledupar en hogar paisa-costeño, mi padre era de Antioquia y mi madre es de Chimichagua, Cesar, tengo dos hermanas, una mayor (Luzmila) y la otra menor (María Clara). Viví en Valledupar hasta que ingresé a la universidad a estudiar Ingeniería de Alimentos en Medellín, y me quedé en ésta ciudad aborando un tiempo en diferentes áreas (producción, docencia, asesorías), lo que me dio la oportunidad de conocer muchas pueblos y realidades en Antioquia.

En los años del colegio y la universidad siempre estuve en actividades cercanas a la Iglesia, fui catequista, pertenecí a los grupos juveniles, a pastoral universitaria y a la pastoral social de la universidad, donde estuve participando de una propuesta con niñ@s (formación en valores) y con mujeres (transformación de alimentos) en un barrio periférico de Medellín.

Luego conocí a los Misioneros de La Consolata, ya que la urbanización donde vivo queda al lado del seminario filosófico de Medellín, participaba de las celebraciones litúrgicas, y una vez en una homilía el padre Dubel, nos contó que los seminaristas se iban de misión y si había alguien que deseará acompañarlos hablará con él, yo me acerque, y después de algunos diálogos con los padres Dubel y Josafat, nos fuimos cuatros seminaristas y dos laicas para María la Baja, en diciembre del año 2001 y allí empieza todo.

Encontrarle otro sentido a la vida, a los proyectos, a los sueños, fue una experiencia que me llevó a construir un camino de entrega, servicio, amor de una manera más radical y profunda, ya que a pesar de que siempre he sido cercana a las actividades eclesiales, la voz inquietante de Jesús me decía “Arriésgate hay algo más”.

Ingresé al grupo los LMC de Medellín, para reflexionar aún más el ser laica misionera y mi vida de fe; y en Septiembre 5 del 2005, regresé de nuevo a María la Baja a realizar la experiencia de misión. Hoy me encuentro aquí con un sentido de la vida lleno de Dios, de comunidad, solidaridad, amor, servicio, de poco a poco ir aprendiendo a negarme a mi misma para consolidar la madurez humana, espiritual y cristiana. Doy gracias a Dios, por todo lo que me ha regalado y lo que ha significado en mi vida, en mi familia ser misionera laica.

También doy gracias a Dios por los misioneros que nos acompañan en María la Baja, su acogida y disponibilidad para emprender juntos una vida de equipo. A mis cohermanas y cohermanos LMC, gracias a Dios por su cariño, presencia, apoyo y solidaridad.

Un gran abrazo, Margarita Restrepo Méndez


Mi nombre Jorge Rodríguez, nací en un pequeño municipio de Cundinamarca llamado Paime, hijo de dos humildes campesinos agricultores, desde muy pequeño me llevaron a Bogotá donde viví mi niñez, estudié y me desarrollé como persona en uno de los barrios del sur de la ciudad, donde llegaron los misioneros de La Consolata para acompañar un proceso de formación de comunidad de comunidades, el cual poco a poco me fue gustando porque al principio como casi todo joven no me gustaba ese cuento de Iglesia, como dato curioso la preparación para el sacramento de la primera comunión la realice dos veces por que no estaba convencido de esto.

Después de conocer el trabajo y el compromiso de los misioneros me comprometí con la comunidad y es así como en el año de 1985 recibí el ministerio de la  confirmación y animador de la comunidad en las comunidades de base de la parroquia de San Atanasio. Luego con Alba Nelly Riaño nos integramos al VOLAMI (Voluntariado Laical Misionero), y en diciembre de 1989 recibíamos el envió como misioneros laicos al Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguan y Pto. Leguizamo con otros tres compañeros más, donde Mons. Luís Augusto Castro y los misioneros de la Consolata nos recibieron y acogieron con cariño.

A mi me enviaron a Guacamayas, inspección de San Vicente, donde realice mi trabajo como docente en el Colegio de Maria Inmaculada en el área de sociales y religión, sin saber que esto me marcaría para toda mi vida, el continuar con la docencia, cosa que nunca pensé ni estaba en mis planes de vida “Cosas del Señor” aquí preste mi servicio Misionero por dos años cuando inicialmente íbamos por un año de experiencia.

Luego cuando estaba empacando maletas para volver el P. Giuseppe Svanera me invita a Solano, para empezar una propuesta de un internado en Campoalegre – Peneya Inspección de Solano, donde iniciamos y construimos la primera FAI (Finca Amazónica Infantil) con cuarenta y cinco niños de la región y a la vez apoyaba en la escuela como docente, esto me llevo a capacitarme y a realizar mi trabajo pastoral en estas tierras como técnico agropecuario del SENA.

El 26 de Junio 1992 contraje matrimonio con Luz Elena Trujillo, a quien conocí en estas tierras Caqueteñas, de esta unión tres hijos Maria Alejandra, Cristian Giuseppe y Jessica Paola, la primera que falleció a los siete meses de nacida.

De Solano tuvimos que salir en Junio de 1999 por la situación de violencia y desplazamiento por causa de grupos armados.

Nuevamente en Bogotá, me integro a la Corporación de Voluntariado Laicos Misioneros de la Conferencia Episcopal, pero como este no era mi carisma y el buen hijo vuelve a casa, volvemos a integrarnos al nuevo grupo LMC donde estoy y creo que aquí termino porque estoy convencido que ser misionero es para toda la vida respondiendo a mi compromiso de bautizado y Maria Consolata me quiere a su lado.

En la actualidad acompaño un proceso de educación en el área técnica Agropecuaria con niños y niñas desplazados y campesinos de la Fundación Formemos.

Jorge Rodríguez


DSC_0258Mi nombre es Nubia Maritza Gamboa Moreno, nací en Bogotá, hace ya bastantes años, mi padre es de Boyacá y mi madre de Cundinamarca soy la mayor de tres hermanos, sigue mi hermano Carlos Andrés (administrador) y luego Sandra Milena (Ingeniera).

Crecí en un hogar muy bonito, con una familia muy unida y unos padres ejemplares, que nos formaron con mucho esfuerzo y dedicación. Mi niñez fue muy normal (creo), estudié hasta quinto de primaria en el Colegio Minuto de Dios que es mixto y luego pase a un colegio salesiano femenino, (creo que ese fue mi primer trauma en la vida) allí termine el bachillerato.

Luego inicie mis estudios de Economía en la Universidad Santo Tomás. Durante los últimos semestres de mi carrera me invitaron a participar de un grupo juvenil carismático llamado Génesis, allí fue donde inició mi encuentro con Dios, fue de mucha sanación interior y empecé a sentirme amada por El.

Inicié mi vida profesional en un trabajo envidiable para muchos, porque a pesar de mi poca experiencia, me contrataron con un buen sueldo, este momento de mi vida no fue importante por el dinero que me ganaba sino porque ayudo en mi formación ética y moral.

Después el país inició la crisis económica del 99 y la consecuencia inmediata para mi fue que me terminaron el contrato, fue un momento duro en el que sentí que perdía el norte de mi vida, pero tenía la confianza puesta en Dios y sabía que me iba ayudar a salir adelante, entonces fue cuando decidí irme a estudiar inglés a Estados Unidos. Allí dure año y dos meses y fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, valoré más mi país, mi gente colombiana y a mi familia.

Estando en otro país, en donde todo sobra, se desperdicia mucho, la gente vive en función de sí, con tiempo solo para trabajar y trabajar, viviendo momentos muy fuertes y sintiendo una gran soledad, hizo que mi vida y mi corazón se transformaran y empezara a ver a los “otros” que habitan el mundo y que muchos padecen necesidades físicas y espirituales.

Regresé a mi hermoso e incambiable país (a pesar de todos sus conflictos),con un gran sentido de servicio, el cual hizo que me vinculara a un grupo misionero de una parroquia creado y formado por los Misioneros de la Consolata, quienes realizaban un trabajo misionero en un barrio de Ciudad Bolívar. En ese momento no sabía que era la MISIÓN y el ser MISIONERO pero poco a poco Dios me dispuso y me puso a su servicio.

A partir de aquí ya muchos inician a conocer lo que es mi VIDA y MISIÓN, ingresé al grupo de laicos y después de un año me eligieron como coordinadora de la localidad de Bogotá, actualmente mi profesión la ejerzo trabajando en la parte administrativa de un colegio y hago parte del equipo coordinador de los LMC Colombia.

Haciendo está breve remembranza de mi vida recuerdo con mucho cariño a todas las personas que han pasado por mi vida dejando una huella imborrable y que han aportado a mi crecimiento personal, espiritual y profesional y han contribuido a esta hermosa vida que Dios me ha dado.

Nubia Gamboa


72796_10151544559594290_1067023382_nMi nombre, Sandra Milena Gamboa Moreno, nací el 10 de diciembre de 1980, mis padres Pedro Gamboa y Dora Moreno, son dos personas ejemplares, que gracias a Dios me han acompañado y apoyado en el transcurso de mi vida y a quienes quiero mucho.

Tengo dos hermanos mayores Andrés y Nubia. Toda mi formación primaria y secundaria la recibí en el colegio salesiano “Sor Teresa Valse” creo que el estar allí por 12 años, ayudó a tener un permanente encuentro con la Virgen María Auxiliadora y con Cristo.

Soy Ingeniera Industrial, estudié mi carrera en la Escuela Colombiana de Ingeniería, hoy en día tengo un trabajo estable en el cual me he podido desempeñar como profesional y donde he tenido que afrontar varios retos, que con la ayuda de Dios los he ido superando. Una vez le escuché a alguien que me decía, que ningún trabajo es deshonra pero el mejor trabajo es en el cual tú te sientes feliz y te agrada hacer lo que haces y creo que en este momento me gusta hacer lo que hago.

Frente a mi crecimiento espiritual, pienso que han ayudado diferentes  circunstancias; recuerdo mucho a mi abuelita era una persona muy devota de la virgen y mi niñez la compartí con ella, ella fue quien me enseñó acerca de la Virgen María y mi mamá le siguió sus pasos, hoy en día es la persona junto con mi hermana que me han acompañado en éste fortalecimiento espiritual.

A ésta formación contribuyó, el grupo juvenil génesis que hace parte de la comunidad Minuto de Dios, en los últimos años de mi colegio dedicaba dos o tres horas los sábados para asistir a estos encuentros. Cuando ingresé a la universidad me desconecté un poco; aunque seguía asistiendo a las eucaristías los domingos no hice ningún esfuerzo más allá de eso, y fue a finales del año 2003 que comencé a inquietarme nuevamente por mi formación espiritual.

Mi familia ha sido muy solidaria, siempre actuamos generosamente frente a situaciones difíciles que encontramos a nuestro alrededor pero en ese momento pensé que se podía hacer algo más.

Entonces comencé a acompañar a mi hermana esporádicamente a los encuentros que ella tenía en su grupo, me llevó a ciudad a bolívar a compartir con los niños, y estando allí empecé a darme cuenta que era algo muy bonito regalar un poquito de tu tiempo al más necesitado, pero aún así no me animaba a ingresar al grupo.

Lo veía como algo de mucho compromiso que quitaba mucho tiempo y que definitivamente con todo lo que me demandaba la universidad no iba a tener tiempo de asistir allá, como siempre sacando excusas cuando verdaderamente no queremos adquirir una responsabilidad de éste tipo.

Pero el amor de Dios es mucho más grande y seguí asistiendo a las reuniones esporádicamente y fue así que poco a poco me fui involucrando con el grupo. Un día los LMC realizaron un retiro Espiritual y fue allí donde sentí ese llamado de Dios y desde marzo del año 2006 hago parte activa de los Laicos Misioneros de la Consolata.

Entender la misión no fue fácil y saber que hoy en día tengo una gran responsabilidad de llevar la palabra de Dios a sitios donde otros no llegan tampoco lo es, pero doy gracias a Dios por estar hoy aquí porque en estos 4 años he conocido a personas muy valiosas que tienen un estilo de vida diferente, son personas que han querido dedicar parte de su vida al servicio de otros ya sea como sacerdotes, seminaristas o laicos y estoy muy contenta porque soy parte de ésta familia.

No es un camino fácil, muchas veces me he encontrado con obstáculos y dificultades tanto personales, como aprender a entender y tratar con las diferentes personas de la comunidad, pero si estoy aquí es porque Dios quiere que esté aquí, la persistencia y el confiar en mí misma han sido factores que han ayudado en éste proceso.

Además ha puesto personas a mi alrededor para que yo aprenda de ellas y camine con ellas, también doy gracias a todas aquellas personas que en algún momento formaron parte de ésta comunidad y que por diferentes circunstancias ya no están pero que también me ayudaron a crecer Espiritualmente con sus experiencias de vida y de servicio a la misión.

Sandra Gamboa


DSC_0300Hola, nací hace 31 años en la ciudad de Medellín, el 18 de Enero del año 1979. Mi familia esta conformada por mi papá: Hernando Amaya, mi mamá: Cecilia Mesa y mis tres hermanas: Gloria María, Ana Lucia y María Cristina; las dos mayores son casadas y con hijos. Mi familia es muy unida, amorosa, solidaria y muy echada pa´delante como buena familia paisa a pesar de que hemos tenido muchos altibajos en la vida tanto en salud como en lo económico.

Mi infancia fue como la de cualquier niña, estudiaba en un colegio de monjas, en la cual me gustaba pensar que cuando yo fuera grande iba hacer también una religiosa como ellas, pero como los pensamientos cambian cuando uno va creciendo entonces ya no me gustaba ese estilo de vida, porque ya llegaban los amigos y las salidas con ellos, para salir a comer un helado, para jugar con ellos en la calle o en mi casa; me gustaba salir a pasear con mi familia a la finca de Guarne y amanecer allí con los demás familiares, pero lo que más me gustaba era salir con mi papá viajando por las carreteras de Antioquia y como manejaba un camión, se las sabía muy bien.

Cuando ya era adolescente, pertenecía al grupo de la Infancia Misionera y al grupo juvenil de la parroquia de Santa Mónica que queda muy cerca de mi casa; fueron tiempos muy bonitos en mi vida aprendí muchas cosas acerca de la iglesia y la comunidad, íbamos y visitábamos a los ancianos y a los niños huérfanos… eso fue algo increíble que todavía lo recuerdo con mucho cariño y que nunca podré olvidar.

Pasó el tiempo y me fui alejando de la Parroquia de Santa Mónica, pero empecé a conocer el Seminario de la Consolata, allí íbamos a la Eucaristía los domingos a las 10:00am y les cuento algo: la Eucaristía de mis 15 años se celebró allí, y me fui quedando día a día hasta conocer los padres que la habitaban en ese tiempo….

Le debo mucho a la Virgen de la Consolata porque ella me dio un milagro muy grande para mi vida “UN NUEVO RIÑÓN”, ese día recuerdo que fue un martes del mes de Agosto fui a la Eucaristía y le pedí mucho que me hiciera el milagro y oh sorpresa….. Cuando llego a mi casa y suena el teléfono y era del Hospital para decirme que tenían un nuevo riñón, para mi esa noticia fue algo que no lo podía creer y le daba gracias a Dios y la Virgen de la Consolata por este nuevo regalo que me había dado.

Luego con la ayuda de algunos seminaristas y parte de la comunidad me integré a la Pastoral Manos Unidas, es una labor muy bonita porque se trabaja con personas desplazadas de los barrios periféricos de Medellín, en las instalaciones del seminario en el salón social.

Y fue pasando el tiempo… Hasta que hable con el P. Alain y Sandra Salazar y les dije que quería integrarme al grupo de Laicos de la Consolata y me aceptaron con mucho amor porque como ya me conocían no tenia ningún problema en pertenecer al grupo.

Quise integrarme al grupo de Laicos Misioneros de la Consolata porque me gustaba el Carisma del Instituto “LA MISIÓN AD – GENTE”, el poder servir al más necesitado y ser un testimonio de vida para los demás.

Así que voy poco a poco estoy construyendo éste camino hacia la misión y en algún momento de mi vida y cuando Dios decida el momento podre decir:


Estoy en la Misión y esto es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Señor solo si acallo mi egoísmo, Puede florecer tu alegría en mi corazón y

Manifestarte en mi rostro paz y serenidad. Amen.


Dios los bendiga.

Con Cariño, Silvia Patricia Amaya Mesa.


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